El antropologo inocente
Barley, N (1989). El antropólogo inocente. Barcelona: Anagrama
Todo esto es síntoma de la intolerable hipocresía típica de los representantes de la disciplina, que debe ser combatida cada vez que se presenta la ocasión.
En mi actividad profesional siempre me han atraído prioritariamente los niveles más elevados de abstracción y especulación teórica, pues únicamente mediante el avance en ese terreno se accederá a una posible interpretación
Popularmente se supone que los africanos rebosan sabiduría indígena y conocimientos ancestrales sobre plantas y animales. … Lo cierto era que los dowayos sabían menos de los animales de la estepa africana que yo. Al igual que la mayoría de los africanos, creían que los camaleones eran venenosos y me aseguraron que las cobras eran inofensivas.
En occidente solemos olvidar que hay que acostumbrarse a ver fotografías.
En las sociedades primitivas, el saber pocas veces es de libre acceso, constituye más bien una propiedad privada
Se extendía durante horas sobre la necesidad de enseñarles a pensar lógicamente, para lo cual, por supuesto, debían aprender francés.
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