ciertamente

La primera vez que me explicaron en qué consistía el principio de incertidumbre que aplican los físicos en sus investigaciones tuve uno de esos vértigos que te asaltan al sentir el encontronazo de dos mundos. Lo que pude entender salvando los escollos de mi analfabetismo científico, enlazaba directamente con una de las preguntas que más me he planteado durante la universidad.

Como documentalista siempre me he cuestionado hasta que punto nuestro trabajo modifica la realidad cuando denominamos un contenido con un término y no con otro, cuando elegimos ”violencia de género” en lugar de ”violencia doméstica”. Al fin y al cabo, estamos aportando un punto de vista, un sesgo ideológico que influirá en la manera de acceder a la realidad, al menos a la realidad representada por los documentos que gestionamos.

De la misma manera, la intervención de un tercero, en este caso el físico investigador o sus herramientas, imposibilita determinar con certeza la realidad observada porque ésta está siendo modificada por el propio acto de la observación. Su margen de error y de inexactitud ciéntifica queda amparada bajo el paraguas de este principio.

En nuestro caso, nos curamos en salud con las notas de alcance con las que tratamos de contextualizar ese sesgo que imprimimos cuando describimos fragmentos de realidad mediante palabras sueltas.

De ahí el título de este espacio, por la manipulación inevitable que supone relatar a terceros, pero no la manipulación perversa o pervertida que encontramos en otros lugares para el relato, sino la derivada de la subjetividad, aquella que modifica la realidad por el mero hecho de observarla.